Es necesario crear un clima de confianza para que los empleados se sientan a gusto proponiendo nuevas ideas por absurdas que parezcan, en las que se sientan capaces de saltarse nuestro característico sentido del ridículo. Quizá sea necesario propiciar un clima en el que el jucio y la crítica no tengan cabida, dejando espacio a una tormenta de ideas disparatadas y arriesgadas, seguramente el origen de las grandes innovaciones.
Como sugieren Helena López-Casares y Guillermo Barral (1), lo esencial es darse cuenta de que dentro de la empresa todo tiene una capacidad limitadad, a priori, excepto el potencial creativo de los empleados.
Texto extraído del libro Feng Shui en la empresa de Maru Canales
(1) Empresas redondas con sabor a fresa, Helena López-Casares y Guillermo Barral, Aecop.




Es en el deseo en donde se encuentra la energía motriz de la creatividad, el deseo irresistible de hacer algo, y la recompensa por haberlo realizado es la satisfacción. De la misma manera, un deseo estancado nos crea frustración. Una de las herramientas básicas para desarrollar la creatividad es intentar saciar la sed de nuestra curiosidad o aprender a recibir, como primer paso para aprender a dar. Pensemos en muchas de las randes obras de la humanidad, y, por supuesto, todas las de la naturaleza, que fueron realizadas por artistas anónimos para el disfrute de todos. De ahí que el enemigo de la creatividad sea la posesión, además de la imitación. El objetivo de la creatividad es la autenticidad; es más, si no hay autenticidad no hay creatividad.
Término que empieza a estar de moda ahora en las empresas, aunque posiblemente sea tan antiguo como la propia humanidad: la resiliencia. El término resiliencia se refiere a la capacidad de un individuo o de un grupo social de vivir y desarrollarse positivamente, a pesar de las difíciles condiciones de vida y más aún, de salir fortalecidos y ser transformados por ellas. Hay dos elementos básicos en la resiliencia inherentes al ser humano:
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